jueves, 22 de marzo de 2007

El Silencio...



En el silencio indescriptible marcha el más sabio de los consejos,
la palabra más dulce, la verdad más pura. Es en el camino del
silencio donde se construyen las grandes bases, los más fuertes
cimientos, los más elementales pensamientos que trasmiten la paz de
los tiempos. Las acciones más nobles nacen del silencio.

Cada palabra sin pronunciar es doblemente poderosa si nace del
silencio con que se manifiesta el pensamiento. El silencio es la
llave para detener las ambiciones, los ímpetus, las energías
desbordadas. El silencio nutre el pensamiento porque es su esencia.

La tristeza se lleva mejor en el silencio porque las emociones
intensas son de origen personal. Nadie siente con la misma
intensidad, por ello no es posible sentir igual. Sólo es posible
sentir en silencio y en soledad. El silencio y la soledad son
complementos. La soledad es el silencio del alma y el silencio es la
soledad de las palabras. La palabra es un don tan hermoso que es
mejor dejarla ir solo cuando es estrictamente necesario. El silencio
es la voz del corazón hablando contigo. Es lo que expresa tu
corazón. Por eso hay que escuchar lo que dice el corazón en silencio
y si es necesario dejar al corazón expresar con el verbo.

Lo que se dice pocas veces es igual a lo que se siente. Una hermosa
enseñanza es la que nos cuenta el origen del eco. El eco fue creado
para que siempre recuerdes que lo que dices siempre regresará a ti.

Hubo un tiempo en que las grandes batallas se pelearon usando la
palabra. Eran palabras como flechas y dardos envenenados que
causaban desolación, muerte y llanto. Un día en que los pueblos
estaban casi exterminados, se reunieron y decidieron pedir ayuda y
consejo al viejo maestro de la montaña. Tres gobernantes marcharon
durante tres días y al llegar le pidieron consejo ante la inminente
destrucción de su raza. El anciano parecía no escuchar el pedido de
los gobernantes. Sólo observaba el infinito a través de sus ojos
color miel. Uno de ellos llenándose de furia incontenible lanzó una
palabra mortal hacia el maestro de la montaña. Después de proferirla
al cabo de unos instantes la misma palabra se escuchó por tres veces
más antes de que el agresor cayera abatido de inmediato a los pies
de éste. Los otros dos le miraron sorprendidos y regresaron con la
enseñanza de que el silencio es el mejor escudo a las palabras de
ira y odio. Desde ese instante aquél pueblo encontró en el silencio
el mejor escudo, el mejor instrumento de paz, la mejor pregunta, la
mejor respuesta.

El silencio es la elocuencia del corazón. Sólo en el silencio
aprendes a escuchar. Si escuchar es la razón de la comprensión, el
silencio es la razón de la sabiduría.

¿Pero acaso el callar es lo mismo que el silencio? ¿Calla el ave
cuando llega un nuevo día? ¿Calla el agua del río al encontrar su
camino al mar? ¿Calla el llanto del dolor en cada ser? Nunca dejes
sin palabra lo que estremece tu corazón. Es por eso que el ave canta
con la alegría de un nuevo día, el agua del río por volver al mar,
el llanto del dolor por escapar del corazón. Aún en estos actos hay
silencio, porque viene de la esencia misma.

Algunos suelen decir que el silencio es la ausencia del sonido. El
silencio es el equilibrio del sonido. Si dos ondas de sonido con la
misma intensidad y en sentido contrario se encuentran, entonces, se
produce el silencio. Por ello no podrá existir el silencio sin el
equilibrio del verbo en ti.

Que tus palabras sean el reflejo fiel de un alma noble, para que
cuando salga regrese a ti con la misma intensidad como se fue. Sólo
así sabrás que el silencio le dio en justa medida el equilibrio a tu
alma, a tu mente y a tu corazón.

El silencio es la primera herramienta para saber si el mundo a tu
alrededor te escucha y tú lo escuchas a él. Se aprende a oír en el
silencio, pero se aprende más a sentir cuando aprendes a escuchar.

Sé entonces como el silencio, aparentemente inexistente pero
firmemente útil y recuerda siempre esto:
• Quien conoce el silencio dice más con menos palabras.
• Quien conoce el silencio piensa más de dos veces lo que quiere
decir.
• Quien conoce el silencio habla de corazón a corazón
• Quien conoce el silencio calla primero, luego observa y finalmente
decide la utilidad de la palabra
• Quien conoce el silencio venera el valor sagrado del verbo
• Quien conoce el silencio ejerce control de su existencia
• Quien conoce el silencio conoce la luz de la existencia suprema.
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