lunes, 8 de octubre de 2007

LA IMPORTANCIA DE DECIR “NO”... Maytte



“Un mono muy bondadoso abría su corazón a todos los animales. Era cordial,

amable y compasivo. Un día conoció a una tortuga macho. Tortuga y mono pasaban

horas conversando sobre temas muy diversos, compartían sobre filosofía, arte y

espiritualidad. Pasaban muchas horas juntos. Pero la tortuga estaba casada…

La tortuga hembra pidió explicaciones a su marido por pasar tantas horas fuera

de casa y este, le contó sobre su amigo el mono. Se sintió molesta, celosa e

ideo un plan perverso que puso en acción.

Una noche le dijo a su esposo: “He adquirido una rara enfermedad y el medico me

dijo que puedo morir si no me alimento con hígado de mono. Habla con ese

compasivo amigo tuyo, no dudara en darnos su hígado para que la esposa de su

amigo viva”. La tortuga fue hablar con su amigo y le mintió diciendo: Mono, mi

esposa quiere conocerte, ven a comer a nuestra casa.

Pero, la tortuga no pudo resistir su conciencia y le contó la verdadera

intención de despojarlo de su hígado.

El mono le dijo: Te compadezco amigo, tu mujer es perversa y eres un tonto al

vivir con ella. Hasta aquí llego nuestra amistad, mientras ella te manipule y no

aprendas a decir “NO” vive tu pesadilla y no vuelvas por aquí.”

Cuando hemos vivido gran parte de nuestra vida, consintiendo y complaciendo a

los demás… nos es más difícil cambiar de actitud y lograr que “ellos” estén de

acuerdo con nuestra transformación. Pero, si en verdad aprecian lo que hemos

hecho por ellos y nos quieren realmente, pronto comprenderán y aceptaran nuestra

necesidad de poner algunos limites, para salvaguardar nuestra autonomía,

identidad, estima y derecho a la libertad esencial.

Decir siempre que “SI” a lo que nos piden o quieren los demás, sobre todo a

nuestros seres queridos, pareciera que nos libera de tener que tomar decisiones

y nos gana en algunos casos cierta aprobación y compañía. Pero, pagando un costo

altísimo en perdida de independencia, estima, energía y balance emocional.

Todos sabemos decir la palabra “NO” pero, ¿Cuántas veces? después de analizar la

invitación o la petición que nos hicieron, decidimos que no aceptaremos y al

momento de expresarlo, nos escuchamos decir: “Esta bien, no te preocupes, lo

haré”, … para unos minutos después sentirnos frustrados y victimas del abuso de

la otra persona, que una vez mas ignora nuestro cansancio, los compromisos que

tenemos o nuestro derecho a usar libremente nuestro tiempo… Pero, ¿serán ellos

realmente los causantes de nuestro malestar?

Muchas veces, detrás de la incapacidad a decir “No”, se esconde una gran

inseguridad, temor a los conflictos, la búsqueda de aprobación y cariño, la

necesidad de ser aceptados en el grupo o una valoración de los demás por encima

de nosotros mismos.

En gran parte, este conflicto viene de la infancia, la falta de reconocimiento y

cariño, la competencia entre hermanos, el ejemplo de una madre complaciente o

sacrificada por otros, pudieran ser algunas de las causas de esta actitud

aprendida. De aquí, surge el empeño por caer bien, el miedo a no cumplir con

las expectativas de los demás, a no dar la talla, y la idea errónea de que sólo

sacrificando nuestras necesidades conseguiremos la valoración por parte de los

demás.

A muchas personas les cuesta reconocer sus propias necesidades y establecer

ciertos límites en relación con otros. Quedando en algunos casos, atrapados en

el afán de complacer y adaptarse a los demás, lo que los aleja de sí mismos,

dificulta sus relaciones sociales, y los deja más vulnerables al abuso.

Podemos cambiar esta actitud por otra que nos permita abrir y cerrar las puertas

de nuestra vida afectiva a voluntad.

HERRAMIENTAS PARA PODER DECIR “NO”

Se conciente de lo que haces. Aprende a no dejarte llevar por los demás a la

hora de tomar decisiones, entiende que tus puntos de vista y opiniones, son tan

valiosas como las de los demás. Atrévete a defender tus ideas y siéntete capaz

de poner límites a quienes pretenden abusar de ti. ¡El esfuerzo merece la pena!

Conócete a ti mismo.

Es importante hacerte algunas preguntas que puedan ayudarte a comprender porque

te cuesta tanto decir que “No”. ¿Qué es lo que más temo al dar una negativa?

¿Con qué personas o en que situaciones me resulta más difícil decirlo? Estoy

segura que al responderlas descubrirás algún recuerdo que te permita resolverlo

y superarlo.

Exprésate con claridad.

Al hacerlo, reconoce la necesidad y los sentimientos de la otra persona. Explica

la razón por la que das una negativa. No tienes que ser agresivo al momento de

expresarte, usa palabras amables pero se firme al mismo tiempo. Si es importante

para ti, ofrécele alternativas teniendo en cuenta su necesidad.

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