viernes, 22 de febrero de 2013

El samurai y el gato del monje

Un samurai tenía en su casa un ratón del que no llegaba a desembarazarse. Entonces adquirió un magnifico gato, robusto y valiente. Pero el ratón, más rápido, se burlaba de el. Entonces el samurái tomo otro gato, malicioso y astuto. Pero el ratón desconfió de el y no daba señales de vida mas que cuando este dormía. Un monje Zen del templo vecino presto entonces al samurái su gato: este tenía un aspecto mediocre, dormía todo el tiempo, indiferente a lo que le rodeaba. El samurai encogió los hombros, pero el monje insistió para que lo dejara en su casa para solucionar su problema, confiando en la sabiduría del monje, así lo hizo. El gato se pasaba el día durmiendo, y muy pronto, el ratón se envalentono de nuevo: pasaba y volvía a pasar por delante del gato, visiblemente indiferente. Pero un día, súbitamente, de un solo zarpazo, el gato lo atrapo. ¡Poder del cuerpo, habilidad de la técnica no son nada sin la sabiduría y vigilancia del espíritu!

De Buda

Un día cuando caminaba por una región montañosa Gahutama Buda, bajo el sol del mediodía le dijo a su discípulo Ananda: cuando atravesamos las montañas pasamos un arroyo, puedes retroceder el camino y traerme un poco de agua. Ananda deshaciendo el camino llegó al agua pero cuando estuvo allí se dio cuenta de que unas carretas acababan de atravesarlo embarrándolo todo. Las hojas muertas que antes yacían en el fondo, ahora flotaban sobre el agua y no era bebible, no podía llevársela a Buda, así que regresó, además sabía que más adelante corría otro río de aguas cristalinas. Buda le dijo: Vuelve otra vez porque cuando pasamos ese agua era pura y cristalina. Ananda protesto: Entiéndelo, entre que llegamos aquí pasaron unas carretas por el riachuelo y el agua ya no es bebible. Buda le dijo: Lo sé, ve y siéntate en la orilla, lleve el tiempo que lleve. Siéntate y no te metas en la corriente porque si te metes en ella la ensuciaras de nuevo, solo observa y no hagas nada, el barro se asentará, entonces llena mi cuenco y regresa. Ananda se sentó a esperar y esperando vio que el barro y las hojas se iban asentando despacito dejando el agua clara y pura tal cual es su naturaleza, lleno el cuenco y comprendió lo que Buda intentaba decirle. "No te metas en el río, no sigas la corriente de tu mente, espera en la orilla y observa la naturaleza de tu mente; es esa claridad cristalina, ensuciada por pensamientos y emociones pasajeros".
"Cuando alguien se siente insatisfecho, desgraciado, tiende a atribuir este malestar a una carencia y espera que un ser, o un objeto, venga a colmarlo. Pero la solución no está ahí. La solución está en que él mismo se decida a dar algo a los demás, a ayudarlos, apoyarlos, consolarlos, o incluso participar en sus actividades. A partir de este momento, una nueva vida empieza a circular en él, ya no tiene necesidad de nada, está colmado. Ha comprendido que, cuando se intenta aportar algo de bueno ya se recibe. Mientras que aquél que no aporta nada, incluso si se le da alguna cosa, no recibe nada. La vida se basa en los intercambios: recibir y dar; dar para recibir. Si no hay intercambios, no hay vida." Omraam Mikhaël Aïvanhov

jueves, 7 de febrero de 2013

de (Ramana Maharshi)

La Felicidad no es algo que haya de ser obtenido. Por otra parte, usted es siempre Felicidad. Este deseo nace de la sensación de insatisfacción. En el sueño profundo usted era feliz, ahora no lo es. -¿Qué se ha interpuesto entre esa Felicidad y esta no-felicidad? Es el ego. Busque su fuente y encuentre que usted es la Felicidad. (Ramana Maharshi)

EL CANTO DE LA GRULLA !

Umana era un ser angelical, cantaba como los dioses santos, las plegarias todos los días. Ananda como ustedes saben, era el discípulo amado de Buda, sin embargo, aunque luchaba no podía eliminar los celos de su corazón, y cuanta vez podía, luchaba contra todo y contra todos, por lucirse ante el maestro. Un día que Umana cantaba las plegarias, Ananda que no precisamente cantaba muy bien, quiso acompañarle en su cántico, y se adelantaba a Umana, lo cual a los monjes les parecía que era el colmo de la competencia. Un dìa, queriendo MADSYA el maestro de turno, darle una lección, sin que Ananda lo notara, invitó a Buda a escuchar el canto de Umana, sabiendo que Ananda estaría también presente. Cuando Umana comenzó a cantar, Ananda comenzó a cantar como siempre, no atinando a las notas, y apresurado e inquieto. Madsya contemplaba en silencio el rostro del Buda, quien cerrando los ojos juntó devotamente sus manos, y guardó silencio. Al finalizar el canto y terminar las plegarias, tanto Madsya como Buda intercambiaron palabras: Maestro, què os ha parecido el canto de nuestro ángel Umana? Habéis oído cómo Ananda interrumpía el canto bello con sus berridos? A lo que Buda le contestó: No hay duda , querido hermano que el canto de Umana es ciertamente muy hermoso, pero más hermoso fue aún el canto de la lejana grulla que en su nido alimentaba a sus polluelos. Ese canto sí que envolvió mi corazón.... y que tu no pudiste escuchar porque estabas perdiendo el tiempo escuchando a Ananda......!