domingo, 29 de agosto de 2010

Usted es quien realiza sus sueños


En esta vida es imprescindible tener objetivos para alcanzar el éxito. Es tan difícil llegar a un destino que no se tiene, como regresar a un lugar en el que nunca se ha estado. Al marcarse una meta, usted se está labrando su propio destino.
¿Sabe cuál es la diferencia entre un sueño y una meta?
Si usted coge un sueño y determina la fecha en que se va a materializar, lo convierte en una meta. ¿Recuerda ese libro que compró hace un tiempo? Al llegar a casa lo colocó en la estantería para leerlo «algún día». Está cubierto de polvo, porque «algún día» no existe en el calendario, es un día que jamás llegará. Si usted dijese: «Antes de fin de mes me lo acabo», ciertamente encontraría tiempo para leerlo; pero como dice que lo leerá algún día, su subconsciente le responde: «Perfecto, cuando llegue algún día, leeremos el libro».
¿Cree que hay alguien que alcance la cima del Everest por casualidad, sin planearlo? Evidentemente no. Para hacerlo es preciso planear cada detalle: se necesita una preparación de aproximadamente cuatro años, muchísimo dinero y mucha técnica. Sin todo ello, la persona moriría en el camino. Sin planes es casi imposible alcanzar las grandes metas.
Nuestro cerebro no ha sido entrenado para hacer planes. Mucha gente piensa que da demasiado trabajo. La verdad es que planear es fácil. Incluso puede ser una diversión. Basta con que nos entrenemos.
Veamos también la diferencia entre meta y finalidad.
Si estoy en Nueva York y decido ir a Chicago, esta ciudad es una meta que alcanzo. Si estoy en Nueva York y quiero ir al oeste, cuando llegue a Chicago el oeste no habrá terminado, siempre habrá más a donde ir: esto es lo que se llama una finalidad. Si usted descubre cuál es su finalidad en la vida y organiza sus metas de acuerdo con ella, tendrá el Universo a su favor.
Otro secreto relativo a las metas es saber equilibrarlas. En primer lugar, debe tener un cuerpo sano para que su mente también esté sana. No sirve de nada una mente brillante cuando el organismo está enfermo. Ello no quiere decir que deba ocuparse exclusivamente de una meta física.
Quien hace gimnasia todo el día y no piensa en nada más, cuando llega a los cuarenta y ve que su cuerpo comienza a deteriorarse, sufre grandes depresiones. Al no haber establecido otros objetivos, su vida pierde la finalidad.
Ya que vivimos en un mundo material, es preciso tener una meta financiera, pero el dinero, paradójicamente, no vale nada. Sólo sirve para hacer cosas que no dependen exclusivamente de él. Si no tenemos otras metas en la vida además del dinero, acabamos esclavizados por la obsesión de obtenerlo, sin regenerar nuestra energía, lo cual generalmente culmina en un infarto.
Otra meta es la social. El ser humano necesita vivir en comunidad. Pero lo que río hay que hacer, aunque algunas personas lo hagan, es mariposear de aquí para allá, yendo de fiesta en fiesta.
Es preciso tener raíces para estar bien afirmado en el propio eje.
La meta profesional también es muy importante; pero si sólo se vive para ella, pensando que lo único que interesa es la carrera, y el ascenso que se espera no llega, con esto se está  propiciando la aparición de un cáncer a los cuarenta años.
Hay gente que se dedica exclusivamente a la familia. Tener sólo una meta familiar tampoco resuelve nada. Los hijos crecen, se van de casa, y entonces, ¿cómo se queda uno? Sucede lo que hoy en día se denomina «síndrome del nido vacío». Es el caso de la mujer que se dedica a los hijos durante toda su vida, no hace nada más y se olvida completamente de su propia realización. Los hijos crecen -todos crecen-, se van de casa y entonces la mujer no tiene con qué llenar el tiempo.
Márquese metas equilibradas y alcanzará el éxito.
Es preciso tener una meta espiritual. Es muy importante saber relajarse y entrar en contacto con otros niveles de conciencia, pero no es aconsejable dedicarse a ello todo el día. Tenemos un cuerpo que cuidar. Si no se presta atención a la materia, las condiciones de vida, empezando por la salud, se desequilibran. ¿A dónde quiere llegar espiritualmente de ese modo, en total desequilibrio?
Por último, está la meta mental. Hay personas que recitan de memoria la Enciclopedia Británica, la tienen toda entera metida en la cabeza, pero no pueden mover nada de sitio para no mezclar los conocimientos. Además, no los utilizan para nada: no los aplican ni se los enseñan a nadie. ¡Eso es una masturbación mental!

Lair Ribeiro
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