miércoles, 7 de noviembre de 2007

AGRADECIENDO POR LAS ESPINAS


Sandra se sentía muy decaída cuando entró en la florería. Su vida había sido tan dulce y entonces, en el cuarto mes de su segundo embarazo, un accidente de automóvil robó su alegría.

Ahora era la semana de acción de gracias y la época en que su hijo estaría por nacer. Lamentaba su pérdida.

Los problemas se habían multiplicado. La empresa donde su marido trabajaba "amenazaba" transferir el trabajo para una nueva localidad. Su hermana había llamado para decirle que no podría venir para su esperada visita en las vacaciones.

-Ella no tiene idea de lo que yo siento. Pensó Sandra con un temblor. ¿Acción de gracias? ¿Agradecer qué? Se preguntó.

-Por un conductor negligente cuyo camión apenas quedó arañado mientras él mataba? ¿Por una bolsa de aire que salvó mi vida, pero se llevó a mi niño?

-Buenas tardes, ¿Puedo ayudarla? Sandra se asustó con la aproximación de la empleada de la tienda.

-Yo... necesito de un arreglo, tartamudeó Sandra.

-¿Para el día de acción de gracias? ¿Quiere el lindo arreglo acostumbrado o le gustaría desafiar el día con lo que yo llamo el "Especial"? Estoy convencida de que las flores cuentan historias; ¿Usted estará buscando algo que realmente demuestre gratitud en esta acción de gracias?

-¡No exactamente ! Exclamó Sandra.

-En los últimos meses, todo lo que puede salir mal salió mal.

Sandra se lamentó y se sorprendió cuando la empleada le dijo,

-Tengo el arreglo perfecto para usted.

Entonces, otra cliente entró y la empleada la saludó,

-Hola, Bárbara ... Déjeme tomar su pedido.

Se disculpó y entró en un pequeño cuarto, después reapareció rápidamente, cargando un arreglo de follaje y lo que parecían ser grandes y espinosos tallos de rosas. Todo muy bien arreglado, pero no había ninguna flor.

-¿Quiere que lo ponga en una caja? Preguntó la empleada. Sandra esperó la respuesta de la cliente. ¿Aquello era una broma?

¡Acaso ella iba a querer tallos de rosa sin ninguna flor! Esperó por la carcajada, pero la mujer no se rió.

-Sí, por favor, respondió Bárbara con una sonrisa.

Sandra tartamudeó.-Esa señora salió apenas con, bueno...

¡Ella salió sin flores!

-Así es, dijo la empleada. Un arreglo sin las flores... Ese es el "Especial". Lo llamo arreglo de Espinas de acción de gracias.

-¡Pero cómo es posible! ¡No va usted a decirme que alguien está dispuesto a pagar por eso! Exclamó Sandra.

-Bárbara lleva ese especial desde hace tres años, y se siente siempre muy bien, como hoy, explicó la empleada.

-Creo que ella tiene muy poco para agradecer. Acaba de perder a su padre por cáncer; el negocio familiar fracasó; su hijo está metido con drogas; y va a enfrentar una operación.

Y la empleada continuó.

-Éste mismo año yo perdí a mi marido. Por primera vez en mi vida pasaré las vacaciones sola. No tengo niños, ni marido, ni familia cerca y demasiadas deudas para permitirme cualquier viaje.

-¿Y qué hará? Preguntó Sandra.

-Aprendí a ser agradecida por las espinas, respondió la empleada con calma.

-Yo siempre agradecí a Dios por las cosas buenas en mi vida y NUNCA le pregunté por qué esas cosas BUENAS sucedían para mi, pero cuando sucedieron cosas malas, lloré y grité...

"¿POR QUÉ? ¿POR QUÉ A MI?".

¡Me llevó tiempo aprender que los tiempos obscuros son importantes para nuestra fe!

-Creo que realmente yo no quiero consuelo.

Perdí a mi bebé y estoy molesta con Dios.

Entonces otra persona entró en la tienda.

-¡Hola, Phil ! Saludó la empleada.

-Mi esposa me mandó por nuestro arreglo de acción de gracias... ¡Doce tallos espinosos! Dijo Phil, sonriendo.

-¿Eso es para su esposa? Preguntó Sandra, incrédula. ¿Le importaría decirme por qué ella quiere un arreglo como ese?

-No...

Estoy contento con su pregunta, respondió Phil. -Hace cuatro años, mi esposa y yo casi nos divorciamos.

Después de cuarenta años, estábamos en un desorden real, pero con la gracia de Dios, enfrentamos con mucha dificultad problema tras problema y salvamos nuestro matrimonio. Jenny, aquí (la empleada) me contó que ella mantenía un vaso de tallos de rosa para recordarle lo que había aprendido de los tiempos "espinosos". Eso fué muy bueno para mi.

Llevé a casa algunos de esos tallos. Mi esposa y yo decidimos etiquetar uno para cada "problema" específico y dar gracias por lo que aquél problema nos enseñó.

Y mientras Phil pagaba a la empleada, le dijo a Sandra,

-¡Yo le recomiendo mucho el "Especial"!

-No sé si puedo estar agradecida por las espinas en mi vida. Es todo tan... reciente.

-Bien, respondió la empleada cautelosamente,

-Mi experiencia me ha mostrado que las espinas vuelven a las rosas más hermosas.

Las lágrimas rodaron por la cara de Sandra.

-Llevaré una docena de éstos tallos largos y llenos de espinas, por favor, consiguió decir Sandra.

-Los tendré listos en un minuto.

-Gracias. ¿Cuánto le debo? Preguntó Sandra al recibir su arreglo.

-Nada. El primer arreglo es siempre por cuenta mía.

La empleada sonrió y le mostró una tarjeta a Sandra.

-colocaré ésta tarjeta en su arreglo, pero tal vez quiera leerla primero.

Y Sandra leyó:

"Dios mío, nunca te agradecí por mis espinas.

Te agradecí mil veces por mis rosas, pero nunca por mis espinas. Enséñame la gloria de la Cruz que yo soporto; enséñame el valor de mis espinas.

Muéstrame que llego más cerca de Ti a través del camino del dolor.

Muéstrame que, a través de mis lágrimas. los colores de Tu arcoiris son mucho más brillantes."

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