martes, 24 de septiembre de 2013

Para leer :)

Aquel hombre quiso saber a dónde llegaban las aguas de una corriente subterránea que había descubierto, de modo que echó en el agua unos polvos de fuerte tinte que llevaba, color de bermellón. Por ninguna parte salieron las aguas así coloreadas, y por eso al cabo de algún tiempo el hombre se olvidó de la cuestión. -Cierto día el hombre partió a un viaje muy largo. Fue a dar en sus andanzas al otro lado del mundo. Y una tarde, en un país remoto, cuando el hombre estaba en un lejano bosque, sentado a la vera de un pequeño manantial, las aguas de esa fuente comenzaron a salir pintadas por el color que hacía muchos años él había puesto en aquel río subterráneo. -Igual sucede con los actos nuestros. No sabemos cómo ni cuándo habrán de manifestarse, y cuáles serán sus consecuencias. Debemos cuidar por eso el color de nuestro río. FUENTE: FUENTES AGUIRRE, Armando, escritor mexicano. Publicado en la sección `Editoriales' del periódico El Norte, (www.elnorte.com), feb-01.
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