domingo, 20 de marzo de 2011

Tomado de la columna El Alquimista publicada por el Diario El Universo.

Por Paulo Coelho
Durante mi traslado a un departamento nuevo, descubrí una serie de notas de
conversaciones mías con J., miembro de la orden R.A.M., una pequeña cofradía que
estudia la tradición oral y el lenguaje simbólico del mundo. Transformé los
textos en diálogos para su mejor comprensión, así que las palabras de J., no son
exactamente las que él usó, aún cuando el contenido sea absolutamente fiel a lo
que escuché.
Comencé con una conversación, cuando él insitía para que hiciese el Camino de
Santiago.
P. Coelho: Dices que hacer el Camino de Santiago es importante. Para hacerlo,
necesito abandonar todo durante algún tiempo: familia, empleo, proyectos. Y no
sé si encontraré lo mismo a mi regreso.
J: Es mejor que no lo encuentres.
P.C.: Entonces, debo arriesgarme a perder todo lo que conseguido?
J: Perder qué? Un hombre sólo puede ganar o perder su alma: aparte de la vida,
no posee nada más. No importan las vidas pasadas o futuras, por el momento estás
viviendo ésta, y debes hacerlo con comprensión silenciosa, alería y entusiasmo.
P.C.: Tengo una mujer que amo.
J. (Riendo) Ésta es siempre la disculpa más común, y la más tonta posible. El
amor nunca impidió a un hombre seguir sus sueños. Si ella realmente te ama,
deseará lo mejor para ti. Además, no tienes una mujer que amas; ella no es tuya.
Lo que es tuyo es la energía del amor que proyectas hacia ella. Puedes seguir
haciendo eso en cualquier otro lugar.
P.C.: Y si no tuviera dinero para hecer la peregrinación?
J: Viajara no es siempre una cuestión de dinero, sino de valor. Pasaste gran
parte de tu vida recorriendo el mundo como hippie; qué dinero tenías entonces?
Ninguno. Apenas alcanzaba para pagar el pasaje, e incluso así pienso que fueron
algunos de los mejores años de tu vida, comiendo mal, durmiendo en estaciones
ferroviarias, sin poder comunicarte por causa del idioma, obligado a depender de
los otros hasta para descubrir un refugio nocturno. Viajar es sagrado: la
humanidad viaja desde la noche de los tiempos, en busca de caza, de pasto, de
climas más amenos. Son raros los hombres que consiguen comprender el mundo sin
salir de sus ciudades. Cuando viajas -y no me refiero al turismo, sino a la
experiencia solitaria del viaje- cuatro cosas importantes suceden:
Estás En Un Lugar Diferente. Entonces, las barreras protectoras ya no existen.
Al inicio da miedo, pero al poco tiempo te acostumbras y pasas a entender
cuantas cosas interesantes existen más allá de los muros de tu jardín.
Porque La Ssoledad Puede Ser Muy Grande Y Opresora. Estás más abierto hacia
personas con quienes normalmente no cambiarías palabra si estuvieras en tu casa,
como camareros de restaurante, otros viajeros, empleados de hotel o el pasajero
sentado a tu lado en el autobús.
Pasas A Depender De Los Otros. Conseguir hotel, comprar algo, saber cómo tomar
el próximo tren. Descubres que no hay nada malo en depender de los otros sino
que es una bendición.
Estás Hablando un idioma que no comprendes, usando un dinero que  cuyo valor
desconoces, caminando por calles por donde nunca estuviste. Sabes que tu antiguo
Yo, con todo lo que aprendió, es absolutamente inútil ante estos nuevos
desafíos, y empiezas a descubrir que, enterrado allá en el fondo de tu
inconsciente, existe alguien mucho más interesante, aventurero, abierto hacia el
mundo y las experiencias nuevas.

www.paulocoelhoblog.com
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